Nuestra historia
Reflexionando mucho sobre todo lo que he vivido y cómo lo he vivido… me gustaría daros las gracias a todos.
A quienes me siguen desde hace mucho tiempo y a quienes se han ido sumando por el camino.
Como todos sabéis, no ha sido una lucha fácil desde el principio. Pero, gracias a vuestra ayuda, ya sea en forma de energía positiva, de risas o incluso solo por vuestra compañía, he conseguido llegar hasta aquí y ser la persona que soy hoy.
Sé que aún queda un largo camino por recorrer, pero con vosotros a mi lado, estoy seguro de que lo conseguiré. Si alguna vez tuve la oportunidad de elegir entre irme o quedarme, tened por seguro que fue por vosotros por lo que me quedé.
¡Sois la leche!
(escrito el 19 de junio de 2017 a las 21:59)
LUIZ FELIPE FIGUEIREDO

La triqueta
Símbolo originario de la tradición celta. Representa el infinito o la eternidad. Este lazo, sin principio ni fin, representa la interconexión de la vida, la eternidad y los misterios del nacimiento, la muerte y la reencarnación. También se interpretaba como la interconexión entre los planos físico, mental y espiritual. El círculo del centro representa la perfección y la precisión. En el cristianismo, este símbolo representa la Santísima Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Buenos días a todos
Queremos empezar dando las gracias de todo corazón a cada uno de vosotros, que de una forma u otra, a vuestra manera, habéis estado a nuestro lado todo este tiempo. Él se ha sentido muy acogido y querido por todos.
Queremos dar las gracias, en especial, a los doctores Amâncio, Hallim y Nasjla, así como al personal de enfermería, que lucharon sin descanso por él y cuidaron de nuestro niño como si fuera suyo.
Este es el momento más triste de nuestras vidas; perder a un hijo no es algo natural, y a esta edad, menos aún.
Pero no queremos hablar de cosas tristes, queremos hablar de Felipe y, para hablar de él, tenemos que hablar de la vida, de la lucha, del aprendizaje, de vivir intensamente, de la búsqueda de lo mejor que la vida tiene para ofrecernos, de cómo maduramos y crecemos cuando afrontamos las dificultades con valentía y optimismo. De niño se convirtió en un gigante, dejándonos muchas lecciones valiosas.
Si echamos la vista atrás, no fue un niño fácil. A menudo era un poco travieso, terco e incansable con sus peticiones. En cuanto se dio cuenta de que con su encanto podía conseguir casi todo, ya nadie pudo frenarlo. Era difícil enfadarse con él sin acabar riéndose después. Bromeo diciendo que heredó los defectos de su madre y el encanto de su padre.
Pero no solo heredó esos rasgos, sino que también se los transmitió a sus hermanos.
Sentarse a su lado siempre era como sentarse junto a una persona interesante e inteligente. Era siempre un placer poder charlar con él. Su encanto, su sonrisa y esa mirada irónica de reojo eran rasgos característicos de él. Su fuerza, su alegría y su naturalidad siempre permanecerán en el recuerdo a través de las sonrisas de Nandão.
Cuando los cuatro hermanos estaban juntos —Nando, Felipe, Dudu y João—, ¡era fantástico, mágico! ¡Una energía contagiosa!
Es curioso, tenemos la sensación de que los pequeños han heredado ese encanto de él.
Fue creciendo y adquiriendo algunas «preferencias»: los deportes, los amigos, la música, una conversación animada, Ibiúna, ah, Ibiúna… El colegio, más o menos; estudiaba poco, pero con su ingenio y, una vez más, gracias a su encanto, apenas tuvo dificultades para pasar de curso… ¡Qué divertido era todo aquello! Le encantaba dar palos de ciego con las asignaturas. Siempre tenía su propia teoría al respecto.
Entonces se convirtió en un hombre y nos dimos cuenta de lo mucho que había madurado y de cómo había logrado darle la vuelta a la situación a su favor.
Ha pasado de ser aquel chaval travieso a convertirse en un hombre con una madurez y un sentido de la realidad sin precedentes.
Le vimos en varias ocasiones dando consejos y consolando a la gente a lo largo de su lucha. Enseñó mucho a quienes le rodeaban, mostrándoles formas de entender los acontecimientos, y se elevó espiritualmente a su manera. Dio una lección de vida a muchos de los que estaban allí desolados, sin entender el porqué de todo aquello.
Nosotros, los padres, le animábamos mucho a mirar hacia adelante. Muchas veces nos emocionábamos al ver que, en cierto modo, le habíamos enseñado a nuestro luchador a no rendirse nunca. Se enfadaba ante las adversidades, pero respiraba hondo y decía: «¡Vamos allá!»
También quiero dar las gracias a Roberto por el papel que ha desempeñado en la vida de nuestro hijo, compartiendo con nosotros la responsabilidad de apoyarlo en los momentos más difíciles.
Y cada vez se hacía más GRANDE y nos sorprendía, dejándonos, al mismo tiempo, boquiabiertos y orgullosos. Aunque pasara por algún «bache», era el tipo de persona de la que a los amigos les gustaba hablar, en quien podían apoyarse… Nos quedamos impresionados cuando Marcelo, su primo y mejor amigo, se hizo un tatuaje de un ancla; ese ancla representaba a Felipe en su vida, su Puerto Seguro.
No sabemos si Porto es tan seguro, ¡porque esos tipos también han montado un buen lío!
Pero quizá una de sus características más destacadas fuera su carisma. Era difícil no querer estar cerca de él.
Los amigos, las novias, las personas que trabajaban en los tratamientos... siempre formaban parte de su círculo, creando una enorme red.
Este es nuestro chico, nuestro hijo, nuestro amigo, compañero y gran «amigo». Un tipo que siempre ha luchado por la vida, a menudo con muchas dificultades, ¡pero que nunca ha dejado de ver el lado bueno, nunca ha dejado de ver lo colorida que es!
Es un gran ejemplo para todos nosotros: vivir intensamente lo que la vida nos ofrece, no fijarnos en lo que no podemos hacer, sino solo en lo que sí podemos hacer. ¡Lo echaremos mucho de menos, pero también nos deja a cada uno de nosotros el compromiso de honrarlo!
¡¡¡VIVIR LA VIDA A PLENO, LUCHAR SIEMPRE, PERO, SOBRE TODO, VIVIRLA!!!
Muchas gracias a todos ustedes…
(Carta leída en la misa del séptimo día por los padres de Felipe)